ACOMPAÑANDO A DORMIR

Publicado en Abril 2007 en la revista "AULA de infantil" nº  36, que edita GRAO. Barcelona

Acompañar es un bonito proceso que requiere deseo y presencia.

Podemos estar presentes físicamente sin deseo, entonces el otro no se siente acompañado, de la misma forma, podemos desear estar y no ser posible (por distancia) con lo cual, tampoco uno se siente acompañado.

Acompañar a un niño no se diferencia mucho de cómo lo sentimos los adultos. Hay una forma de SER y ESTAR que implica comprensión, aceptación y respeto por el otro. Cuando uno se siente acompañado así, agrada y calma. Bajo estas premisas, nos encontramos a veces con la “tarea” de, tener que dormir a un niño o varios. Si esto se siente como una presión podemos tener mas dificultades en este momento, ya que el niño va a notar la falta de deseo.

Es interesante saber con que deseo me sitúo ante el niño: si es por “que se duerma”, deseo legitimo que responde a mis intereses, o “deseo acompañarlo para que duerma tranquilo”, es por el otro, (diferente).

Los niños perciben mas lo que sentimos que lo que decimos; notan nuestra disponibilidad. Nuestra prisa les inquieta. A nivel preventivo, hay formas de facilitar un sueño continuado y tranquilo. Lo mas importante: que el niño se sienta acompañado.

Algunas pautas que pueden seguir la familias para favorecer un espacio compartido y agradable hasta conciliar el sueño son las siguientes:

Se realizan todos lo rituales que se tengan antes y, una vez en su camita, estaremos allí sentados con él. Hay que evitar tumbarse, porque un adulto dormido o quieto, no puede ayudar mucho en caso de peligro. El niño siente mayor disponibilidad en esta postura: sentados. Le avisaremos de que, para cualquier cosa que quiera durante la noche puede llamar, será atendido. Es necesario dar seguridad. Podemos hablarles un poquito de algunas cosas del día que nos han pasado y hablaremos “bajito y cada vez mas lento” para que la voz sirva como de susurro. Cuando pasan unos minutos decimos algo así como: “basta, ahora puedes dormirte” besito y alguna frase cariñosa. Desde ese momento ya no hablamos.

Observamos y, cuando creemos que está dormido, empezamos a contar aproximadamente 15 minutos que estaremos de más. Son 15 minutos que vamos a dedicarnos a nosotros, a pensar en nuestras cosas, en silencio, allí quietos, porque en ese tiempo habrá un momento que el niño se despierta un poquitin, dándose la vuelta, o algo parecido. Si abre los ojos medio dormido y te ve allí, ya podrá dormir toda la noche tranquilo, porque sabe que sigues ahí. Si sabemos de antemano que nos puede llevar media hora dormir a un niño, ya no estaremos tan nerviosos como si pensamos que va a ser en 5 minutos.

A nivel afectivo, que sienta que los adultos son mas fuertes que él; que en caso de peligro son capaces de defenderle y seguro que lo harán; porque se lo han demostrado durante el día, haciendo ver que no son fáciles de manipular y porque saben lo que conviene. El niño siente: “me puedo fiar de estos grandes que me cuidan”.

Si hay cuentos antes de dormir, que sea haciendo desaparecer al lobo o monstruos de alguna forma. Si dejamos al lobo suelto por ahí…. ¡Quizá venga y me coma! (inquietud). Invito a recordar nuestra infancia. Casi todos tenemos algún recuerdo de miedo. A los niños les gusta oír que, cuando éramos pequeños también teníamos miedo. Les da esperanza saber que seguimos intactos.

Creo que si un niño llora para ir a dormir seguro que hay alguna causa. Primero descartar causas físicas (dolor). Después si lo que hay es malestar, que puede ser físico o emocional, se nota porque es diferente. El llanto o la negativa a dormir, son demandas de comunicación de que algo no funciona, y nosotros tenemos la autoridad = responsabilidad (sabemos como hay que “responder” en un momento dado) y actuaremos.

La seguridad afectiva podemos darla si la hemos tomado de nuestros padres; si reconocemos el amor en los otros (hicieron lo que pudieron), podremos ser amorosos.

Hay muchas dudas en los papas sobre si deben dormir en su cama o no. Supongo que cada caso puede estudiarse. En principio hay una tendencia a dejar a los niños demasiado solos ¿en aras de la autonomía? No es lo mismo ser autónomo que sentirse solo. Si en algún caso tuvieran que ir a la cama de los padres, lo que trataría de evitar es que duerman en medio (simboliza que el niño está separando a la pareja) es preferible que duerman al lado de uno de los dos.

A veces se les saca de la habitación demasiado pequeños, se buscan estrategias de dejar una luz encendida de lejos ¿lo hacemos los adultos?; o dicen que hay que dejarlos llorar “para que aprendan”.

La historia habla de todas las generaciones como han dormido los niños en la misma habitación por diversos motivos. ¿Hemos evolucionado?

Considero un error importante dejarlos llorar desconsoladamente, porque estamos viendo las consecuencias al cabo de los años, una “angustia de abandono” que queda muy interiorizada en el niño y luego se manifiesta con diversos problemas.

Se dice que dormir es desaparecer. No es casualidad que en la adolescencia ,fase en la que hay dificultades para entender muchas cosas de la vida, se duerma mucho. Los niños no tienen necesidad de desaparecer, duermen placidamente cuando se sienten cuidados, pero no tienen las referencias espacio temporales que tenemos nosotros, por eso son mas frágiles y requieren compañía hasta que se va consolidando su mundo interno.

Amparo La Moneda

Zaragoza. Diciembre 2006