EL CHALET: Un modelo educativo

Publicado en "Heraldo de Aragón" en Tribuna abierta, el 7 de mayo de 2003, y firmado con otros padres

Muchas familias hemos tenido la vivencia de una auténtica escuela infantil. Una comunidad en el mismo barco. Era un placer dejar a tus hijos en un sitio donde la confianza era la base de la relación. En la educación participábamos todos, con nuestras limitaciones, nuestros sueños, nuestra ignorancia, pero con una gran ilusión. Así fue nuestro paso por la primera “Cooperativa de educación EL CHALET”.

Una escuela pequeña con 3 educadores. Una persona que hacia la limpieza, la comida y que se llevaba a la compra a algún niño y participaba en la escuela como un educador mas. Un psicólogo que investigaba, y programaba las tareas con los educadores.

Los padres dejábamos a los niños en la misma clase, los recogíamos allí y en cualquier momento podíamos entrar y ver lo que hacían, con el lógico respeto de no interferir horarios por el bien de los niños, pero si había que recogerlos por algún problema a media mañana, se podía entrar como si estuvieras en tu casa y sabías la dinámica que llevaban. En el antes y después de la jornada, podíamos estar media hora con los educadores y los niños hablando y viendo como jugaban.

 

Los educadores nos iban informando de lo que hacían o como eran nuestros hijos, cada día en estos ratos, lejos de dar consejos, con un lenguaje descriptivo, nos dábamos cuenta de cada realidad, esto hacía que cada cual decidíamos lo que debíamos hacer, eran nuestras propias conclusiones. Este detalle creaba un clima de seguridad y confianza que te hacía sentirte en casa.

En los períodos de adaptación, podíamos estar allí el tiempo que hiciera falta, para que los niños no vieran la escuela como un abandono ante desconocidos.

 

Nos reuníamos padres y trabajadores con frecuencia para tratar temas, estábamos al tanto de las cuestiones económicas, educativas y organizativas. Nadie se sentía inferior o superior en la participación. Cada cual aportaba lo que sabía. Todas las profesiones eran útiles y todos aprendíamos de los otros.

 

Lejos de la competitividad, el respeto por la individualidad y ser una escuela tan pequeña y participativa, proporcionaba una osmosis mutua entre familias /escuela que cada día se iba enriqueciendo.

Lejos de mantener relaciones de poder en alguna de las partes, la ausencia de conflictos era evidente. Y los niños sentían en su piel esta relación de calma que se mantenía todo el curso.

Nuestros hijos tienen un buen recuerdo de su primera escuela, crecieron en la participación, la expresión, la creación y la atención, crecieron en el placer de aprender y compartir con las otras dos clases. CRECIERON.

 

Ubicada en el barrio de S. José con la idea de acoger a niños del barrio, muchos padres que buscábamos una escuela integral, íbamos de otros barrios y fue el boca a boca lo que mantuvo al Chalet en esta línea. Hoy EL CHALET se cierra por el lento agonizar que ha operado en muchas escuelas infantiles, la LOGSE. La entrada desde los 3 años en la enseñanza pública (o privada) ha condicionado a las familias y ha convertido a los chicos “grandes” de la escuela infantil en los “pequeñajos” de un centro de grandes dimensiones. EL CHALET no podía afrontar económicamente su proyecto.

 

 

Quizá sus instalaciones no eran envidiables, pero EL Chalet ha tenido siempre algo envidiable, unas ideas comunes que hacen de su proyecto una calidad educativa insuperable: participación, respeto, confianza, apertura, un equipo coordinado con los padres que ha bregado con las mismas dudas, alegrías y expectativas que cualquier ser humano tiene, sin creerse los mas sabios, han observado, escuchado y avanzado según la realidad con la que contaba.

Sin eximirse de responsabilidad crearon el mas bello proceso educativo: acompañar a las familias en el aprendizaje de sus hijos, aportando lo que sabían.

 

Gracias sobre todo a Julio, a Ana, a M. Carmen, por haber dejado vuestra vida en este proyecto, además de educadores de nuestros hijos e hijas, sois buenos amigos de ellos y nuestros.

 

Firmamos:

Amparo La Moneda, Luci Malo y Jesús Rubio, en representación de los Padres, Madres e hijos de la generación 80 - 90