EL LENGUAJE EN LAS SESIONES de Psicomotricidad

Escrito en Nov. 2002 y publicado en Diciembre 2003 en la revista "Cuadernos de psicomotricidad" nº 26 , que edita la UNED de Bergara (Gipuzkoa).

Todos sabemos que hay muchas clases de lenguaje. También sabemos que depende de nuestro lenguaje, los efectos pueden variar (mucha responsabilidad, no?).

No quisiera aumentar nuestra exigencia o culpabilidad, que bastante nos han dado ya la cultura y la historia. Solo trato de compartir mi reflexión sobre los tipos de lenguaje existentes y la utilidad de los mismos en las sesiones. Por otra parte me parece interesante porque también es útil en nuestras relaciones, tanto didácticas como personales.

En las sesiones somos referentes y también nos decimos, por esto es importante una análisis de nuestro lenguaje.

Entendiéndose lenguaje como expresión y comunicación, y a partir de los instrumentos que nos permite ejercer este don, voy a centrarme en dos grandes bloques muy presentes en las sesiones de la PPA (Práctica Psicomotriz Aucouturier).

Por un lado el cuerpo y montado sobre él, como a caballo (y deseando que no se desbloquee) la lengua, es decir el lenguaje verbal.

A.- El cuerpo es un instrumento de comunicación de una importancia ya conocida. En él podemos destacar:

  1. Apertura o cierre: con nuestras extremidades, sabiendo que la apertura favorece el libre acceso del otro y es una manifestación de nuestra disponibilidad. Tanto en apertura como cierre, hay variantes llenas de matices, poniendo ejemplos: una mano abierta parece estar “dispuesta a recibir”, unos brazos cruzados parecen decir “necesito protegerme” etc.
  2. Verticalidad: sinónimo de autoridad, (en el sentido positivo, no me refiero al autoritarismo), disponibilidad en acompañar, uno está más dispuesto que si está sentado o tumbado.
  3. Tonicidad: que se transmite en el contacto. Habla de nuestras tensiones o nuestro equilibrio. Incluso habla de nuestra ira o dominio ( un ej. común en la escuela es coger a un niño de la mano cuando estamos enfadados) observemos el tono y lo que transmite.
  4. Distancia o proximidad: en el ajuste o no, de la relación con el otro. A veces la distancia es sinónimo de confianza y autonomía y un exceso de proximidad habla de lo contrario. El análisis de las situaciones nos puede hacer ver nuestros deseos o ajustes.
  5. Ritmo: portador de nuestro propio ritmo o en consonancia con la necesidad del otro, jugando a su vez con simetrías o asimetrías.
  6. Emoción: alegría, seriedad, enfado... las emociones se reflejan en nuestra cara portando aceptación o no, del otro y de las vivencias; si bien el estado de animo puede ser modificado con las circunstancias o momento que se vive, la consciencia facilita el jugar con las emociones para el ajuste, por ejemplo: la capacidad de sorpresa y su expresión para favorecer la transformación a niños que lo necesitan. Desde la calma podemos tomar distancia emocional y alternar, en función de necesidades.
  7. Flexibilidad: un cuerpo flexible denota una mente flexible

 

Hay también expresiones globales con el cuerpo significativas y de utilidad. Por ejemplo “dar la espalda” es ignorar y cuando esto se hace a un grupo de niños que hablan, se suelen callar por el instinto de especie (nadie quiere ser ignorado).

Sobre este tipo de lenguajes remito al libro de A. Lapierre “El adulto frente al niño” que complementa estas aportaciones.

El cuerpo, nuestro cuerpo dentro de la sala, es un indicador también de cómo nos situamos frente al mundo, igual que lo observamos en los niños. Es también un referente para los otros.

B.- El lenguaje verbal: nuestro gran traicionero.

El lenguaje que expresamos hablando, tiene una particularidad: cuando estamos atrapados en una emoción es difícil controlarlo. Ahí nos puede salir todo lo que no quisiéramos decir. Lo mejor es no pegarse con el látigo de la culpa, afortunadamente somos humanos y tenemos salidas airosas, por ej.: aprovechar los errores para aprender. Una de los sistemas de defensa del magisterio, es tratar de evitar el análisis para no culparse. Si nos culpabilizamos la siguiente vez tendremos mas rabia todavía y esta rabia no nos deja avanzar, nos destruye por dentro. Como dice Santana “la rabia puede ser positiva si es constructiva, pero si es negativa es como un elefante entrando en una cristalería.”

Por el contrario, si observamos que es lo que hay, tenemos dos opciones, una tomar nota y dejarlo pasar y dos: cuando algo se repite mucho y nos da problema, buscar la forma de solucionar. Por tanto, en el análisis del lenguaje evitemos el sufrimiento de tantos maestros cuando dicen: “ ay! se me ha vuelto a escapar, si ya lo sabía pero...que bruta soy”, seamos buenos con nosotros mismos y simplemente... nos felicitamos por darnos cuenta del error y adelante.

Veamos que tipos de este lenguaje, pueden darse en las sesiones:

1.- Descriptivo: haciendo espejo de lo que el otro hace. Puede dar seguridad en el sentido de saberse acompañado y observado. “Veo que te gusta hacer...”

2.- De reconocimiento: también da seguridad. “ te has atrevido a...”

3.- Seguridad – ley: “Tu puedes”, o “NO”, en un momento que va a hacerse daño o se lo va a hacer a otro.

4.- Aceptación: “Si” por ej.:cuando un niño duda en tirar la torre.

5.- De autonomía: “antes de saltar hay que mirar” invita a que cuando tu no estás presente, esto lo tendrá en cuenta de forma autónoma.

6.- De dependencia: Si decimos “espera no saltes”o “cuidado”, le estamos diciendo: dependes de mi. Cuando esté solo ¿qué hará?.

7.- Invasor: yo propongo, yo hablo, yo sugiero... y no dejo espacio al niño para que sea él quien se diga.

8.- De respeto: “¿qué ha pasado, con lo majo que eres se te ha olvidado algo?” Cuando alguien hace algo que requiere nuestra intervención. Esta frase no es lo mismo que decir: “ tu tenías que ser” o “ otra vez tu”... etc., que resulta culpabilizadora y con falta de respeto a la persona.

9.-Interrogativo: Aquí podemos ver dos vertientes:

9.1.- Para saber lo que ha pasado: “¿qué pasa?” Y esto da inseguridad, los niños suponen que lo vemos todo ( aunque no es así). Esta pregunta es el motivo de muchos chivatazos. El chivarse es una forma disfrazada de agresividad que el adulto acepta por conveniencia ( enterarse) pero que no beneficia nada las relaciones.

9.2.- Para ayudar a pensar: “¿cómo se puede hacer?” o “ ¿cómo harías?” esto favorece el pensamiento y la autonomía.

10.- Simbólico: El “como si”, el “de verdad o de mentiras?”, un lenguaje necesario para ayudar a separar realidad de fantasía y que surge en toda la parte simbólica de la sesión. Su aclaración es importante.

A partir de aquí, es interesante proporcionarnos un lugar de encuentro, mediante análisis de video o un grupo de trabajo, para observar que tipo de lenguaje usamos con mas frecuencia y ver las repercusiones que puede tener en nuestra práctica. La mirada de los otros sobre nuestra comunicación, nos puede ayudar a perfilarla.

De todos los lenguajes, me quedo con: un cuerpo disponible para el acompañamiento y el silencio. ( Este es mi intento).

El silencio es vacío. El vacío puede ser llenado y ser también el nacimiento del lenguaje. La falta de vacíos es la causa de muchos problemas en los niños. Pero esto sería motivo de una larga explicación. En la formación de ayuda terapéutica se analizan mas estos matices. Lo importante es reconsiderar, que el silencio en las sesiones, puede ser mas efectivo que mil palabras. El otro, puede usar ese vacío si quiere y normalmente su expresividad aumenta.

Pero claro... un uso ajustado del lenguaje, puede ser difícil ¿ Como mejorarlo?

Hay varias posibilidades. La formación Personal (como instrumento de análisis), la ayuda de algún especialista o el una persona que acompañe en este proceso.

Uno mismo debe conocer su situación y reflexionar sobre sus intervenciones, pero la riqueza de otras miradas es indiscutible.

¡ojo! Sin maltratarse, contamos con nuestra propia fragilidad.

 

Fdo: Amparo La Moneda González

Zaragoza. Noviembre 2002